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El Neandertal y otros eslabones

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¿Pero qué diremos del Neandertal y de los descubrimientos de otros fósiles?  Tal como dijimos anteriormente, los descubrimientos de “eslabones perdidos” o son controvertibles y extremadamente subjetivos y especulativos, o terminan descartándose por varias razones.

Un artículo publicado en “Proceedings of the National Academy of Sciences - Vol 96, Issue 22” del  26 de octubre de 1999 por Fred H. Smith et. al., incluyendo autores del Departamento de Antropología de la Universidad de Northern Illinois, del Centro Nacional de Investigación Científica del Laboratorio de Antropología de la Universidad de Bordeaux, Francia, y de la Unidad de Acelerador de Radiocarbono del Laboratorio de Investigación para Arqueología e Historia del Arte de la Universidad de Oxford, Inglaterra, muestra la confusión que encaran los evolucionistas aun con respecto a especies presentadas en el pasado como eslabones clásicos en la supuesta evolución del hombre. En dicho artículo leemos que según los autores “La naturaleza de la relación biológica entre los Neandertales y los humanos modernos permanece altamente contencioso en paleoantropología. Las preguntas fundamentales han cambiado poco... la complejidad y diversidad de los datos... ha incrementado significativamente…”

Tuvieron que transcurrir cuarenta años antes que se descubriera que los restos presentados por Charles Dawson en los años 1910-1912 como una evidencia más de la evolución del hombre, eran un engaño. El descubrimiento en Piltdown, Inglaterra logró engañar a muchos por largo tiempo en el mundo entero. Al  supuesto eslabón entre el mono y el hombre se le dio el nombre de “hombre Piltdown”. En la Enciclopedia Británica leemos que “una reexaminación científica intensa de los restos de Piltdown mostró que habían sido fragmentos de un cráneo humano moderno, sagazmente encubierto; la quijada y dientes de un orangután, y el diente de probablemente un chimpancé, todos introducidos fraudulentamente…”

En el año 1922 apareció un nuevo eslabón al cual se le dio el nombre común de “hombre Nebraska”, y el nombre científico de “hesperopithecus” (simio del mundo occidental). ¿En qué consistió el hallazgo? ¿Acaso encontraron un esqueleto completo, o tal vez el cráneo y otros fragmentos? No, todo lo que se había encontrado fue un colmillo parecido un poco al humano y un poco al del chimpancé. En 1927 se confirmó públicamente que había existido un error, y que el colmillo pertenecía a un cerdo extinto. Podemos ver pues cómo el celo por descubrir al eslabón perdido puede cegar a muchos.

Eslabones Entre El Hombre Y El Mono

El “hombre Pekín” es otro ejemplo donde la evidencia se interpreta de acuerdo al prejuicio de los evolucionistas. En este caso los restos de cráneos de primates y herramientas sencillas encontrados en una cueva cerca de Pekín, China,  han sido interpretados como evidencia de que este primate tenía una capacidad intelectual superior a la del chimpancé, por lo que debió ser una especie primitiva del ser humano, un eslabón entre el mono y el hombre.

A este hallazgo se le conoce con el nombre científico de “sinantropus pekinensis”, un nombre impresionante que nos hace pensar que tiene gran validez científica. Pero en realidad su nombre sólo significa “persona china de Pekín”. Por supuesto que la persona que escucha un nombre tan difícil se siente intimidada, y se siente ignorante, lista para creer lo que los científicos están dispuestos a enseñar sobre esta “nueva especie” encontrada.

Los creacionistas interpretan la evidencia de otra manera. En algunos lugares se comen los sesos de los monos, los cuales se consideran algo muy delicioso. Es posible que seres humanos cocieron y rompieron los cráneos para luego saborear los sesos de los primates. Las herramientas y los vestigios de fogatas que fueron encendidas en el lugar no fueron hechos por los primates encontrados, sino por seres humanos. La evidencia es la misma, pero la interpretación ¡muy distinta!

Desafortunadamente los medios de comunicación no son neutrales, y en este caso presentan la información únicamente desde un punto de vista, desde el ángulo e interpretación que apoya la hipótesis de la evolución.

Hay dos factores extremadamente importantes de reconocer con respecto a los hallazgos de fósiles y la clasificación de eslabones. Primero, que la mayoría de los hallazgos sólo presentan fragmentos de huesos separados, no esqueletos completos. No todos los fragmentos pertenecen a una misma criatura. Los evolucionistas arman el rompecabezas de manera de respaldar su hipótesis, despreciando otras posibles explicaciones a sus hallazgos. En otras palabras, los fragmentos y las herramientas encontradas son generalmente agrupados convenientemente, asumiendo que pertenecen a un eslabón entre los primates y el hombre.

Segundo, la apariencia de los huesos es usada para determinar si pertenecen a especies en transición. Es posible sin embargo, que fragmentos antiguos pertenezcan a primates extintos. Sabemos que cada especie ofrece gran variedad, algunas de ellas ya extintas. Las apariencias pueden ser engañosas, aun dentro de la misma raza humana.

Los pigmeos son cazadores nómadas, que no practican la agricultura ni la reproducción de ganado; seres humanos caracterizados anatómicamente por su muy corta estatura. Los varones crecen en promedio menos de 150 cm. Si por algún motivo, por guerras u otro conflicto no registrado en los anales de la historia moderna, los pigmeos hubieran desaparecido hace muchos años, dado su estilo de vida y anatomía peculiar, ¿sería posible que los proponentes de la evolución hubieran pensado que ellos eran un eslabón en la cadena evolutiva del hombre?

En el año 2001 los paleontólogos descubrieron un espécimen al que nombraron Kenyanthropus. Rick Potts del Museo de Historia Natural del Smithsonian dijo: “Yo y muchos otros creemos que Lucy (Australopithecus Afarensis) necesita ser reemplazada, pero no estoy seguro que Kenyanthropus es el que la deba reemplazar”. Lucy era supuestamente el eslabón del cual provenimos. Pero una vez más éste es descartado: ¡La historia se repite constantemente!

El juicio común se ha cegado pues el hombre ha escogido rechazar, por razones filosóficas y espirituales, la posibilidad que el mundo que nos rodea sea resultado de la creación directa por parte de un Ser superior. Hemos confundido ciencia con filosofía materialista.

El evolucionista y escritor Adam Goodheart escribió un editorial en usatoday.com sobre el hallazgo de Kenyanthropus y sus implicaciones. El editorial titulado “Del árbol de la vida brota el destino de la humanidad” publicado el 15 de junio del 2001 dice que “A pesar de los avances científicos increíbles de las décadas pasadas, incluyendo el uso de la genética para rastrear nuestra historia común, la oscuridad aparece frecuentemente volverse más profunda”.

Precisamente ése es el resultado de ir contra la evidencia que nos rodea, mayor oscuridad. Y los resultados sociales y espirituales ¡son catastróficos!

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